“EL MUNDO DADO VUELTA”CARNAVAL DE LA QUEBRADA DE HUMAHUACAPor Antonio Célico, especial para El Corsito El carnaval humahuaqueño es coincidente con el fin de las lluvias y el comienzo de las cosechas ambos elementos le han conferido, entonces, un carácter muy particular. Sin duda en la Quebrada transcurre la más visible de las festividades populares y la más abarcadora en términos de tejido social. La cosmovisión de las comunidades de la quebrada está conformada por tres “mundos” que de alguna manera aparecen superpuestos: el mundo de arriba, este mundo y el mundo de abajo. En este último habitan los antepasados, los muertos y es también el ámbito de la Pachamama y de deidades ambiguas y peligrosas. Existen momentos donde la conexión entre los mundos se potencia y extiende en el tiempo. Así el comienzo y el fin de la época de lluvias, se halla señalado ritualmente por TODOS LOS SANTOS y CARNAVAL, respectivamente. Todos los Santos abre o instaura en “este mundo” el “mundo de abajo”. Se produce el fenómeno de inversión y de alguna manera esos mundos imponen sus reglas en éste. El carnaval es entonces la ritualización de un tiempo y espacio diferentes, donde se instala la situación del “mundo al revés” alterando o modificando así las relaciones entre los hombres. El carnaval se saca del submundo y esta irrupción se produce a través del mojón, lugar al borde de los espacios urbanos de donde se lo desentierra y donde también finalmente se lo volverá a enterrar hasta el año próximo. La alegría carnavalesca modifica el comportamiento y otorga el permiso que legitimiza acciones no bien vistas fuera de ese tiempo. Todo comienza en el jueves de comadres, que se realiza la semana anterior al inicio del carnaval. Aquí se reúnen las mujeres que tienen entre sí algún lazo de parentesco, que también puede ser espiritual o de amistad. El sábado siguiente se procederá a desenterrar el carnaval con una serie de acciones que se realizan en los mojones, ubicados en la periferia y cercanos a ríos y cerros. En cada pueblo o localidad de la Quebrada, se encuentran gran cantidad de comparsas y ésta posee una organización que se extiende más allá del propio carnaval. Ellas se encargan no sólo de desenterrar y enterrar el carnaval, sino que funcionan llevando el mismo a toda la comunidad. Se llega al mojón en las últimas horas de la tarde y luego del solicitado permiso a la pachamamma, se comienza a alegrar el mismo con una serie de acciones conocidas vulgarmente como challar el mojón. Se lo hace con bebidas alcohólicas, coca, tabaco, serpentinas, papel picado y talco. Luego se lo adorna con maíz, girasol y las infaltables ramitas de albahaca. Se comienza a preparar un clima de gran tensión que reclama la aparición de un hecho que se ha gestado; se reparten caramelos, coca, bebidas, tabaco, hojas de albahaca, etc. En algún momento el presidente de la comparsa o el padrino del diablito, concreta la acción del desentierro y muestra a éste, a la gente que acompaña a los oficiantes. Es el momento de la aparición de los disfrazados, es el momento de la instalación del carnaval y es acompañado por gritos y bailes. Las danzas se realizan alrededor o frente al mojón, acompañadas por las “tarkas” (o anatas), a veces “bronces” y elementos de percusión. Cada comparsa tiene canciones identificatorias que son seguidas por la totalidad sin dejar de danzar. Los disfrazados y diablos en general amplían la conducta de los no disfrazados y suelen deformar su voz, generando un falsete. Es un momento de un comportamiento altamente teatral, donde se bromea y exagera el proceder habitual de “este mundo”. Posteriormente se seguirá bailando por las calles de este pueblo los nueve días y ocho noches de duración del carnaval. La comparsa es encaminada por el banderero y las danzas son ejecutadas en zigzag o en espiral. Los juegos son acompañados por talco, serpentinas y mistura (papel picado). Cada día de carnaval, significa para la comparsa el paso por distintas casas donde se realizan las denominadas “invitaciones”. Es decir, el dueño de casa, invita a las comparsas, generalmente, con bebidas alcohólicas y, en la invitación central de cada día, también una comida. Concluida la última invitación, la comparsa se acerca lentamente a su mojón, anticipando el final de la alegría carnavalesca. Se vuelve a challar el mojón, se entierra el diablito y los participantes se desprenden de papel picado, serpentinas, talco, albahaca, depositándolos sobre el mismo. Los disfrazados se sacan sus máscaras, la música se detiene envolviendo a la situación en una alta densidad dramática. Se ha vuelto a este mundo. Antonio Célico es actor y director de El Baldío Teatro. ..
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